La sencillez inteligente: El mayor aporte de don Noel Kempff al desarrollo urbano cruceño
| Ilustración de Mariana Ferreira para el libro"Migramos" (2012) |
Cuando caminamos por las calles o avenidas arboladas de la ciudad, estamos en algunos de sus parques o plazas o visitamos el Zoológico, no podemos dejar de pensar en don Noel y de valorar, cada vez más, el profundo significado de su obra.
A comienzos de los años ´70, don Noel escribe sobre "Las áreas naturales del departamento de Santa Cruz relacionadas con el turismo", siendo este último, cuando leemos, casi una excusa para lograr la preservación de aquellas.
En 1974, inicia, con la compra de los terrenos en el 3° anillo, la construcción del Zoológico.
Estos dos ejemplos, sumados a su trabajo permanente desde la Dirección de Parques y Jardines de la Alcaldía, nos demuestran su preocupación precursora en relación con la importancia de los recursos naturales renovables, tema de tanta actualidad hoy; a la vez, su previsión en cuanto al gran desarrollo que adquiriría la ciudad y la consiguiente necesidad de introducir en ella el paisaje natural que se va alejando. Esto no sólo desde el punto de vista del paisaje, sino como una forma de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.
Don Noel, intuitivamente, es un ambientalista: él quiere humanizar la vida del hombre urbano y lo consigue.
Cuando en el Zoológico vemos, cualquier día, a tantos niños y adultos caminar, conversar y jugar mientras los loros aturden, los monos hacen piruetas y el caimán duerme, concluimos que, cuando don Noel nos enseñó a querer y respetar nuestros animales, lo hizo porque nos quiso y nos respetó a nosotros y ése quizá sea su mayor mérito.
Don Noel supo que el ser humano necesita vivir con un mínimo de belleza, integrarse al paisaje cotidiano porque éste tiene una fuerte incidencia en su salud física y mental. Es ahora mundialmente reconocido que, el mayor drama de las ciudades de crecimiento explosivo, como la nuestra, es que colocan al hombre en un entorno sin identificación, sin trayectoria afectiva, en donde le es difícil reconocer y asumir sus valores y esencia.
Don Noel encontró un lenguaje expresivo adecuado para los espacios libres de las ciudades cruceras, dando así la posibilidad de un uso positivo del tiempo de sus habitantes, tanto adultos como niños, con lo que propuso una moderna ética urbana.
Y para lograr sus objetivos siempre se vale de medios sencillos: las especies locales, los materiales y técnicas constructivas posibles en el medio, las inversiones prudentes distribuidas en varios años de gestión que van cristalizando un plan general minuciosamente trazado de antemano. Mucha imaginación, gran creatividad, atención a las sugerencias, interés en coordinar y un profundo conocimiento del tema. Terminar el Zoológico llevó 10 años.
La concepción del Ambiente del Tigre ilustra lo dicho. Don Noel lo quiere abierto pese a la peligrosidad del saldo de su ocupante y su instinto indomable; sin embargo, ambos están naturalmente controlados por un foso de agua que agrega su excelente valor paisajístico al proyecto y todos miramos pasear los tigres en libertad en el Zoológico sin darnos cuenta y sin temor y sin peligro.
Don Noel sabe que una vez concretados todos los proyectos tienen que mantenerse y con mayor razón si en ellos se utilizan o intervienen organismos vivos como las plantas y los animales. Por eso organiza todo un equipo de agrónomos y jardineros que, de acuerdo a un programa, mantienen y amplían anualmente los trabajos en parques, plazas, calles y avenidas.
Y también, provisoriamente, descentraliza la administración del Jardín Zoológico, tratando de que se autofinancie con la venta de entradas y otros posibles recursos destinados, como un modo de asegurar la supervivencia de las especies que en él habitan y la conservación en buenas condiciones de los edificios e instalaciones que el tiempo naturalmente deteriora.
Esperemos que el ejemplo de Don Noel sea entendido, imitado y continuado para que la ciudad y la región, alguna vez no tenga que repetir, como nosotros ahora, aquellos versos que dicen:
"Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío
que no lo puede llenar
la presencia de otro amigo..."
Y termina:
"Un amigo nuevo no es lo mismo,
nos quiere por la mitad".
Marta Elcuaz. Artículo publicado en el periódico El Día, de Santa Cruz de la Sierra, el martes 20 de septiembre de 1988 y en el libro "Migramos" (2012)
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